Etiquetas

domingo, 23 de agosto de 2009

Sobre el poemario "LAGUNAS DE ELECTRICIDAD" de Antonio de Saavedra


No soy muy pegado al surrealismo (aunque en mis comienzos tenté su posibilidad), pero reconozco la influencia que ha tenido en el mundo entero desde su aparición a comienzos de siglo. Mucha de la gente que conozco, que también está metida en esto de escribir, se han enfocado, o han tomado como referente primordial a la poesía surrealista.


Aunque tengo entre mis poetas favoritos a César Moro, eso no me hace hincha del surrealismo; me gusta la poesía, sin miramientos ni categorías, que esté bien escrita, bien lograda. Prefiero un verso a un poema, y muchas veces dejo un poemario por no encontrar algo que me motive la lectura. Leo a los clásicos y mucha de la poesía rusa; ahora iré por la japonesa, mañana tal vez por la alemana, no lo sé, pero en sí, no defino mis gustos por escuelas o semejanzas.


¿Por qué de esta introducción? Ahora viene: resulta que hace unos días hicimos un intercambio de libros con un amigo de Lima, Antonio de Saavedra, yo le enviaba algunas de las cosas que he editado y él algunos de sus trabajos y de amigos. Y así fue. En la empresa donde tuve que recoger la encomienda casi no me la entregan por tener el DNI vencido (gracias por recordármelo), pero eso es algo natural. Pero el paquete estuvo en mis manos y ya en casa a leer.


Recuerdo que la primera vez que conversé con Antonio vía “msn”, no fue amistoso, fue como una discusión. Su nick decía algo como: “me estoy volviendo fanático de Justo Jorge Padrón”; yo le pregunté qué había leído de Padrón y me hizo mención de algunas antologías en no se qué idiomas; yo le dije “bakán” y empezamos a conversar sobre puntos de vista; discutimos sobre la necesidad de los prólogos, incluso de los hechos por el mismo autor, que particularmente considero útiles sólo cuando proponen una idea sobre el libro y no cómo leerlo ni tratar de explicar de qué trata la obra; por diversos motivos prefiero obviar los prólogos, pero Antonio no, y surgió el tema de discusión.


La segunda vez fue un poco más ligera. Su nick decía “tengo 50 ejemplares de La Tortuga Ecuestre [1]”, y yo le pregunté el precio y me dijo que los pasaba, así que le dije “qué te parece si hacemos un intercambio”, y ahí surgió todo.


En el conjunto de libros llegó Laguna de electricidad (Ediciones Caracol, 1998, Lima... asu, cómo pasa el time), que es el poemario de Antonio de Saavedra.



Lo leí el mismo día que me llegó, por la noche. Como dije en un principio, no soy hincha del surrealismo, pero sí de la buena poesía, mejor dicho, de los versos bien trabajados. No pienso dar una larga perorata crítica del libro, porque ningún poemario se merece esa bajeza; la poesía no es para entenderla, es sólo para sentirla, para que nuestros sentidos se sientan perdidos en una sensación de sensibilidad producida por aquella marea de letras sentidas en nuestros márgenes sensoriales (100% cacofonía).


No podría referirme a los poemas que más me gustaron, ya que el poemario se defiende en un equilibrio moderado, pero veo que Bretón ha dejado en generaciones posteriores una gama de buenos interlocutores de su propuesta artística. Puedo citar algunos versos que me dejaron con los dedos entumecidos, como por ejemplo:


“Vuelve el silbido melodía jugosa de naranjas crecidas

A lo largo de un río nacido del pajonal

Congelado y cubierto por maravillosas cantidades de nieve”


“Por tanta luz que en la noche

Nos hace recordar los apretones de manos o abrazos dados durante la poda de árboles”


“Sin mover los párpados ante el paso de manadas de trenes lejanos”


y podría citar muchos versos más, pero hasta aquí es bueno dejar de fluir.


Gracias Antonio por los libros, ya vienen los cafés y las copas; por cierto, olvidaba comentar que también eres traductor, que has traducido algunos textos de Ginsberg, Daumal, Perse, entre otros, y que tu versión de Xenófilos, de Bretón, está muy buena.





[1] La Tortuga Ecuestre es una plaqueta que sale no sé cada cuánto, y que contiene poemas de un autor en especial o de varios, según el criterio del director, creo.